Reportaje:FIESTAS POPULARES

La leyenda del toro asesino

Ratón, la res más cotizada de los encierros, agiganta su fama a golpe de cornadas y sangre

JUAN DIEGO QUESADA 24 ENE 2009 - 13:35 CET

Al ganadero se le escapa una sonrisa maliciosa.

-¿Sabes cuánto me daba uno que no deja de criticar a Ratón? Me lo cambiaba por 25 vacas, un tractor y un carro mezclador. Y, además, pasta. Y dije: ¡no! Lo feliz que me ha hecho este toro no lo cambio por nada. No tiene precio.

El ganadero Gregorio de Jesús abre el pesado portón metálico del establo y señala con la mano: "Ahí está". Y ése es Ratón, un toro de ocho años que ha forjado su leyenda de asesino en los encierros y festejos callejeros de Valencia, responsable de una muerte y más de una treintena de cornadas. Llena plazas, sus seguidores acuden a todos los pueblos a los que va y en Internet se cuentan sus hazañas, exageradas y muchas veces desvirtuadas. Es parte del mito de este morlaco, el más cotizado de toda España.

Ratón, la res más cotizada de los encierros, agiganta su fama a golpe de cornadas y sangre

"Lo feliz que me ha hecho este animal no lo cambio por nada. No tiene precio", afirma orgulloso su dueño

Ratón se ha convertido en la celebridad de los bous al carrer, los festejos valencianos. Tiene muchos seguidores, pero cuenta también con un gran número de detractores. Unos alaban su valentía, su bravura e inteligencia. Otros, en cambio, lo tildan de cobarde, de que se aprovecha de los más inexpertos, y le acusan de cornear a traición. El caso es que el bicho, berrendo en negro, lucero, calcetero y bragao, no deja indiferente a nadie.

Gregorio de Jesús es un ex matador que tomó la alternativa en la Monumental de México en 1993 y que hace años dejó la espada para dedicarse a la ganadería en Sueca, un pueblo a 30 kilómetros de Valencia. Entre naranjos y una marisma de arroz, guarda a Ratón en la finca Rafol. De Jesús compara a su toro con Cassius Clay (Muhammad Ali), uno de los mejores boxeadores de la historia, por su habilidad a pesar de tratarse de un peso pesado. "Es ágil, inteligente, rápido. Muy alegre. No es bruto, no es como los demás toros que actúan por instinto y chocan contra todo. Éste piensa, analiza y después ataca".

En un salón con pinta de cocina que Gregorio tiene en su finca cuelgan los carteles, enmarcados, con todas las actuaciones de Ratón. "¿Ves? Va solo. No comparte cartel con nadie. Allá donde va, él es la estrella. Se lo ha ganado", cuenta sin ocultar su orgullo. De Jesús abre las puertas de su ganadería cada semana a peñas taurinas que viajan en autobús desde Valladolid, Segovia o Madrid para fotografiarlo.

Los recortadores y aficionados a los festejos no saben cuantificar las víctimas de Ratón. En pueblos como el de Museros (Valencia), una decena de personas fueron corneadas. Jesús Esteve fue recortador y ahora se dedica a organizar espectáculos taurinos. A punto de coger un avión a Canadá para promocionar la fiesta, dibuja con saña un perfil del animal: "Es un asesino. Es vago, no le gusta participar. Va a su bola, esperando al fallo de alguno. Y ahí sí, cuando te coge te da un trompazo y no te suelta".

Alejandro Cucala, propietario de una ganadería que heredó de su padre, sostiene que esto es un negocio y que los aficionados desean ver un espectáculo sorprendente. "El público quiere violencia. Cuanta más gente pilla el animal, más famoso se hace. El Ratón no tiene nada especial, ha cogido a varios y a uno se lo ha cargado. El toro mata a uno y hace rico a su dueño. La cosa funciona así", comenta Cucala. El toro más famoso de su ganadería es Tremendo, del que afirma medio en broma, medio en serio: "Siempre que sale coge a alguno, pero no mata a nadie...".

La historia de Ratón tiene algo de leyenda, alimentada también en buena parte por su dueño. La primera vez que se dio a conocer fue en Puerto de Sagunto, en 2006, cuando mató a cornadas a un hombre de 50 años. El vídeo de la cogida fue visto por cientos de miles de personas en Internet y muchos aficionados empezaron a seguir su trayectoria. Durante esos años, se le adjudican más de una treintena de cornadas. Fue el año pasado, en Fallas, cuando empitonó tres veces a un hombre de 27 años en la plaza de toros de Valencia. A Manuel, veterano aficionado, apenas le quedaban dos metros para llegar a la barrera, pero el cornúpeta le alcanzó por la espalda y lo volteó varias veces en el aire hasta que lo dejó pisoteado en el coso. Los organizadores suspendieron, entre pitos de los presentes, el festejo. Fue el comienzo de la historia sangrienta de Ratón.

Las apariciones de Ratón se cotizan caras. Gregorio cobra unos 6.000 euros por su participación, cuando lo normal por un toro de alquiler es 1.000. Nunca una res había cobrado tanto. Mientras que el resto de los animales suelen salir durante todo el año, Ratón se limita a aparecer unas diez veces por temporada: sólo lo hace en Aragón, Valencia, Cataluña y Navarra, comunidades en las que el reglamento no obliga a sacrificar a las reses después de ser toreadas.

Los puristas de la fiesta defienden que el espectáculo no está en la sangre ni en la muerte. Eso es sólo morbo. El verdadero aficionado se interesa por los quiebros y las piruetas de los recortadores. Carlos Zorrilla y Manuel Vicent, directivos de la Federación de Bous al Carrer, una organización sin ánimo de lucro que engloba a las peñas participantes en las fiestas populares, defienden con una montaña de papeles en la mano el buen nombre de la tradición. "Los toros con muchas víctimas suelen ser más cobardes, menos nobles. El buen aficionado, no sigue a esos animales", señala Zorrilla. Pero aclara que ha habido actuaciones memorables de Ratón que no han sido famosas, en parte, por la nobleza de la faena. No había sangre.

Los festejos taurinos dejaron 4 muertos y 676 heridos el año pasado en la Comunidad Valenciana, donde casi 300 pueblos -más de la mitad de los existentes en la región- celebraron algún evento taurino. Vicent opina que, en comparación con las fiestas que hubo (más de 6.000) han sido pocos los incidentes. "Se ponen muchas medidas de seguridad. Esto es una fiesta, no se busca que nadie salga herido. Es una tradición y queremos que se trate con el máximo respeto", dice.

Gregorio de Jesús sabe que la fama viene acompañada de las críticas. "Las figuras siempre han tenido sus detractores y sus admiradores", señala con picardía. "A Raúl (delantero del Real Madrid) lo ponen en duda, pero ahí están sus goles. A Ratón le pasa igual, van a quedar para siempre sus actuaciones". Ratón es el heredero de otros toros que han hecho historia, como Ratonero, un animal que llenó plazas hace dos décadas; El Mijares, que da nombre a una peña taurina; o Modisto, Cubano, Marinero y Faraón, unos morlacos que también se han granjeado su fama a golpe de asta. Son leyenda.

Cuando Ratón apenas era una cría, unos chicos se colaron en la finca y lo encerraron durante horas en un apartadero, a oscuras. Estaba temblando cuando lo sacaron. Gregorio lo rememora con dramatismo: "Pensé que se moría. Creo que siempre se acuerda de aquella perrería y desde entonces saca toda su mala leche". -

'La leyenda del toro asesino' es un reportaje del suplemento 'Domingo' del 25 de enero de 2009

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Ratón, en uno de los corrales de la ganadería de Sueca (Valencia), propiedad de Gregorio de Jesús. / TANIA CASTRO

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