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Crónica:

Edgar Morin: "El ruido del conflicto lo invade todo"

El filósofo y sociólogo presenta en Barcelona la biografía de su padre, judío sefardí

Con 10 años de retraso acaba de llegar la versión en castellano de Vidal y los suyos, el relato biográfico del padre del filósofo y sociólogo francés Edgar Morin, un judío universalista oriundo de España que vivió en Salónica y Livorno para acabar asentándose en París, testigo y víctima de las vicisitudes de un siglo que empezó en 1894. El libro, con un prólogo del sociólogo francoargelino Samir Nair, fue presentado ayer en el Círculo de Lectores de Barcelona.

La edición en castellano de Vidal y los suyos, la tercera obra biográfica de Edgar Morin junto Autocrítica, de 1959 e Itinerance, de 2006, es un trabajo de síntesis en el que unen todos los esfuerzos inimaginables; las raíces judías de Morin, las arabistas e islámicas de Sami Nair y a las que hay que sumar las de María Cordón y Marika Embarek como traductoras. En conclusión, casi todos. Visto desde fuera se diría que la presentación de este libro ayer en el Círculo de Lectores Barcelona podía suponer un momento de reflexión y de calma, tras una ajetreada semana llena de tensiones que se inició en Barcelona el sábado con una manifestación de 50.000 personas a favor de Palestina y que continuó el lunes en la Casa Asia con un acto prácticamente desapercibido en el que jóvenes de la comunidad judía y de la gitana hablaron del Holocausto, con el miedo de ser invadidos, custodiados por Mossos d'Esquadra y con voces que habían propugnado antes suspender el acto por razones de seguridad.

La tensión y el estruendo de los tanques de la banda de Gaza, aunque planeó permanentemente sobre la sala donde se hizo la presentación del libro, no pudieron, sin embargo, apagar las palabras emocionadas de Edgar Morin, quien explicó casi con lágrimas en los ojos que es el libro "que más me ha tocado". Lo escribió, dijo, "riendo y llorando al mismo tiempo" en función de las conversaciones que ambos, padre e hijo, habían mantenido, así como con los testimonios aportados por la hija del escritor Veronique, quien a su vez había volcado en la obra los coloquios mantenidos con su abuelo. Tampoco el ruido de los blindados pudo apagar las luces de la Salónica del siglo XX, donde las diferentes comunidades religiosas y culturales convivían en perfecta armonía y donde se incrustó, como en otras partes del mundo, el judío universal, laico y liberal, convertido en motor de la libertad y de la democracia.

"Hoy las cosas han cambiado. La radicalización del conflicto israelo-palestino lo ha inundado todo", explicó en un tono pesimista el filósofo, mientras resurgían así sin quererlo los flecos de un viejo debate, surgido en 2002, cuando el tándem Morin-Nair y la escritora francesa Danielle Sallenave firmaron en Le Monde un artículo titulado 'Israel-Palestina; el cáncer', algunos de cuyos párrafos fueron tildados de antisemitas, por la comunidad judía francesa, que consiguieron que un tribunal de Versalles los condenara por difamación racial, para ser finalmente absueltos en el proceso de recurso, según la Convención Europea de la Libertad de Expresión.

Al acabar el acto, mientras Edgar Morin abandonaba la sala, me he acercado a Sami Nair, tratando de entender cómo era posible que en la presentación de un libro de síntesis de estas características, de un judío universal, se pudiera transmitir un mensaje tan pesimista sobre todo con respecto del futuro del diálogo árabe-israelí. "Es lo que hay, son los signos de los tiempos", trató de justificarse Nair, al tiempo que me explicaba que a él como ciudadano francés de origen árabe le es a menudo difícil hablar, porque los de su comunidad no oyen lo que esperan de él, "un discurso radical". Es lo mismo que le pasa a Edgar Morin, quien a pesar de sus raíces judías, siempre se ha negado a visitar Israel. Confío en Vidal y los suyos.