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Zhang Yimou sigue sin ser profeta en su tierra

El director de cine no consigue ser aceptado en su país a pesar de deslumbrar con las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín

El director de cine chino Zhang Yimou, creador de las ceremonias de apertura y clausura de las Olimpiadas y Paralimpiadas de Pekín, ha subido un escalón en su prestigio internacional gracias al asombro que han causado esos espectáculos, pero paradójicamente, en su país cada vez gusta menos.

Tras convertirse en los años noventa en el director chino "obligatorio" en Europa (galardonado en varias ocasiones en Berlín, Venecia y con el Bafta británico), Zhang recibió el complicado encargo de organizar todas las grandes ceremonias de Pekín 2008: cuatro fiestas para asombrar al mundo. Zhang lo consiguió el 8 de agosto, al dejar boquiabiertos a 4.000 millones de televidentes con una de las mejores ceremonias de apertura de la historia, en la que en dos horas concentró la cultura y civilización chinas.

Tras la clausura, el director de El camino a casa (1999) volvió a despertar elogios con la emotiva apertura de los Paralímpicos, el 6 de septiembre, un canto a la superación y la integración de los discapacitados. A falta de que Zhang despida con sus maneras coloristas y faraónicas las Paralimpiadas el 17 de septiembre, sus obras en el Estadio del Nido de Pájaro lo han coronado como uno de los grandes coreógrafos del momento a los ojos del mundo.

Pero en su propio país, Zhang, que cumple 58 años en noviembre, no es profeta en su tierra, donde el público y los círculos artísticos le critican por hacer cine "para extranjeros" y venderse a las grandes superproducciones. "Hace las películas y las ceremonias que la gente de fuera quiere ver de China. Los tópicos. Pero a nosotros nos cansa", asegura uno de sus detractores, Lin Fenxue, un artista que vive en las afueras de Pekín. Pero las críticas le han seguido durante todas las fases de su carrera.

En los años noventa, con películas de tinte social y crítico con la situación de la China antigua y moderna (Sorgo rojo, Ni uno menos, Vivir), se llevaba leones y osos de oro en Europa, pero en el país asiático era denostado por "dar sólo la visión del lado pobre y oscuro", según algunos críticos.

En 2002, Zhang dio un giro de 180 grados a su carrera y entró en el mundo de las superproducciones con una visión plástica de las artes marcialse con Hero, una fórmula que ha repetido más tarde, por ejemplo, con La Casa de las Dagas Voladoras (2004).

Yimou -que estuvo vinculado sentimentalmente a su musa, Gong Li, hasta 1995- aumentó sus arcas con estas películas, pero su imagen nacional siguió perjudicada. Los que antes le acusaban de dar una visión pobre de China, ahora lo tacharon de "vendido al Partido Comunista" con obras en las que defendía las ideas confucianas de un emperador -o presidente- autoritario y sin oposición.

Ahora, tras las ceremonias olímpicas, tampoco recibe el beneplácito de sus compatriotas. "Fue bonita y espectacular, pero no es lo que los chinos queríamos", asegura Huang, un fotógrafo pequinés, aunque reconoce que es normal que en el extranjero causara sensación. Mientras arreciaban las críticas, la voluntad popular decidía "echar" a Zhang Yimou de los premios nacionales de cine "Plena Flor" que este año celebran su 29 edición en Dalian (noreste de China). Entre el 16 de abril y el 31 de julio, se pidió a los aficionados votar las mejores películas de los últimos tiempos, y su último filme, La Maldición de la Flor Dorada (2006), no pasó el corte y no estará en la ceremonia de entrega.

Los grandes escotes de la emperatriz y las concubinas en esa película -muy poco habituales en la historia china- y los colores fosforescentes de los escenarios dejaron mal sabor de boca a los espectadores. Tampoco ayudan a arreglar la imagen del cineasta de Xian algunos incidentes menores recientes, como cuando fue acusado en la sesión anual del Legislativo y Consultivo de 2007 de plagio por no mencionar la novela en que se basó su último filme. O que, también el año pasado, fuera acusado por los ecologistas de haber contaminado el famoso Lago del Oeste, en Hangzhou (este de China) durante los preparativos para un espectáculo al aire libre.