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Reportaje:

Charlie y la fábrica de obsesiones

El guionista Charlie Kaufman (¡Olvídate de mí!) presenta en Cannes 'Synecdoche, New York', su debut como director

Con ese aspecto de tipo apocado y despistado, quizá nadie diría que Charlie Kaufman (Nueva York, 1958) es uno de los guionistas más ingeniosos del cine contemporáneo. Sorprendió a todo el mundo con Cómo ser John Malkovich, un relato kafkiano sobre un titiritero que se cuela (literalmente) en la cabeza del actor John Malkovich, y confirmó su talento con El ladrón de orquídeas, una mezcla de realidad y ficción sobre cómo se escribe una adaptación cinematográfica.

Fueron dos guiones nominados al Oscar y tras ellos llegó finalmente la estatuilla al mejor guión con ¡Olvídate de mí!, una fábula agridulce sobre una pareja de treintañeros que rompe y decide borrar los recuerdos de su pasado en común. Kaufman da ahora el salto a la dirección con Synecdoche, New York, que se presenta mañana en la sección oficial del 61 Festival Internacional de Cine de Cannes.

Con su nueva cinta, Kaufman se adentra en la historia de Caden Cotard (Philip Seymour Hoffman), un dramaturgo cuya vida en la anodina localidad de Schenectady, Nueva York, llega a un punto muerto tras un gran éxito de taquilla. Incluso una extraña dolencia comienza a afectarle "las funciones autónomas del organismo", según reza el resumen argumental de la película. Para recuperar el ánimo, pone en marcha una obra basada en su vida y en las mujeres a las que ha conocido: su madre (Lynn Cohen), su ex esposa (Catherine Keener), y su nueva amante (Samantha Morton), entre otras.

Una reconstrucción de Nueva York

El escenario de la obra será una gran reconstrucción de la ciudad de Nueva York edificada en un almacén. Cotard indicará a los actores que le encarnan a él y a sus mujeres que recreen su vida en esa gran simulación. Tal como sugiere la figura retórica del título (la sinécdoque), la obra funcionará como una parte de ese todo que es la vida contemporánea. Quizá allí, en la ficción teatral, consiga su obra definitiva, de un realismo brutal, sobre las relaciones de amistad, conyugales y filiales.

Con su debut tras las cámaras, Kaufman se enfrenta ahora al reto de demostrar que puede dar vida a sus obsesiones con la misma destreza con la que lo hicieron Spike Jonze (Rockville, Maryland, EE UU, 1963) en Cómo ser John Malkovich y El ladrón de orquídeas y Michel Gondry (Versalles, Francia, 1963) en Human nature y ¡Olvídate de mí!. Se trata de dos directores formados en la publicidad y el videoclip que han revolucionado sus respectivas disciplinas. Véanse los vídeos de Jonze para Fatboy Slim (Praise you) y Beastie Boys (Sabotage) y los de Gondry para Daft Punk (Around the world) y Björk (Army of me, con el que Gondry se arroga, por cierto, la invención del efecto bala de Matrix). Tales magos de la imagen proporcionaron a Kaufman el lenguaje visual idóneo para dar cuerpo a sus insólitas historias.

Repertorio de argumentos obsesivos

Con sus cinco películas anteriores Kaufman ha construido un imaginario propio poblado por argumentos surrealistas y referencias obsesivas al amor no correspondido, a la creación artística y a la metaficción (hablar de la creación de la película desde dentro de la ficción). El ejemplo más claro es El ladrón de orquídeas, que narra dos tramas, la de un traficante de orquídeas, y la del propio Charlie Kaufman (Nicolas Cage) y sus intentos de adaptar esa historia al cine. Tras pasarse la primera parte de la película devanándose los sesos sobre cómo contar la peripecia, Kaufman acaba dando la razón a su hermano gemelo, Donald (el reverso comercial de Kaufman), que le inspira para escribir el guión como un thriller inverosímil y taquillero.

El argumento es enrevesado pero el tándem Jonze-Kaufman consigue resolverlo como una enfebrecida fábula sardónica sobre la creación cinematográfica. Con este tipo de historias es con el que el triángulo Kaufman-Jonze-Gondry, siempre con el guionista como vértice principal, ha logrado realizar un cine singular e inteligente. Hay quien ya compara a esta nueva hornada de cineastas surgidos del videoclip con la generación de los Spielberg, Lucas, Scorsese, Coppola y De Palma que revolucionaron Hollywood en los setenta. Con Synecdoche, New York, Kaufman tiene la oportunidad de demostrar que está a la altura visual de sus compañeros de clase y reivindicar su lugar en ese nuevo pelotón de cineastas innovadores .