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Reportaje:

La bonanza del cómic llega a Angulema

Más de mil dibujantes y 200.000 aficionados acuden al festival, inaugurado ayer

En 35 años, la cuidad de Angulema, al suroeste de Francia, se ha impregnado de la cultura del cómic, hecha de creatividad y libertad. La calle Goscinny desemboca en la celle Hergé, murales gigantes con personajes de cómic penden de las fachadas y los dibujantes firman sus obras por doquier: en el recinto del festival, en los cafés, las tiendas e incluso en una pescadería del centro.

La 35ª edición del festival internacional del cómic que aquí se celebra, la más importante por audiencia de Europa, abrió ayer sus puertas con una nueva organización y en el contexto de la vitalidad excepcional que vive el sector.

Desde mediodía los fans esperaban a la puerta de las casetas instaladas en pleno centro de esta ciudad del suroeste de Francia; casetas que albergan exposiciones, encuentros con autores, tiendas, talleres?

Unos mil autores pasarán por aquí hasta el domingo próximo. Cada año el festival atrae a unas 200.000 personas, de las que hasta un 7% vienen de fuera de Francia. Estas cifras muestran la buena salud económica del sector: unos números que hacen palidecer los de otras ramas de la edición.

Con más de 4.300 títulos publicados en 2007 en Francia, Suiza y Bélgica, la producción empalma 12 años de alzas (un incremento del 4,4% el pasado año en comparación con 2006) y las editoriales tradicionales (Gallimard, Grasset, Actes Sud, Laffont...) ya han fijado su vista en el cómic.

"Podría pensarse que esta producción masiva podría terminar siendo nefasta para el cómic, pero aparentemente no es el caso", se felicita Benoît Mouchard, director artístico del festival. Hasta 15 títulos distintos han vendido en 2007 más de 100.000 ejemplares, con picos de hasta 300.000 ejemplares en el caso de series destinadas al gran público y asentadas desde hace años.

La nueva generación

Pero el cómic ha querido en los últimos años fijarse en una generación de autores que han cuestionado los códigos habituales, como Joann Sfar (El gato del rabino), Marjane Satrapi (Persépolis) o Lewis Trondheim, Gran Premio de Angulema en 2006.

Junto a ellos, la llamada novela gráfica, cómics con gran número de páginas, frecuentemente con guiones elaborados por novelistas de prestigio, se han hecho un hueco entre los álbumes tradicionales. "Artísticamente, el cómic, reputado de difícil, rompe fronteras. Mejor que los best-sellers franceses", señala Mouchard.