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Reportaje:

Quevedo es Quevedo

Un grupo de investigadores confirma la autenticidad de los restos del escritor hallados en Villanueva de los Infantes

Un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina Legal de la Universidad Complutense de Madrid ha logrado demostrar la autenticidad de los restos de Francisco de Quevedo y Villegas hallados en una cripta de la localidad de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), donde el escritor pasó sus últimos días, cuando ya estaba muy enfermo. Nadie discutía que murió en este pueblo el 8 de septiembre de 1645, pero sí que allí estaviera su tumba.

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De esta forma, la investigación, desarrollada por los expertos de la Complutense con la colaboración del Ayuntamiento de Villanueva de los Infantes, confirma lo que decían la tradición y diversos documentos históricos que indicaban que los restos del genial escritor del Siglo de Oro reposaban desde su muerte en 1645 en en la cripta de Santo Tomás de la parroquia de San Andrés Apóstol de la localidad.

El proyecto de investigación, en el que ha trabajado un equipo formado por 11 investigadores de la Escuela de Medicina Legal de la UCM, más el personal técnico municipal de Villanueva de los Infantes, ha sido dirigido por los profesores José Antonio Sánchez y Andrés Santiago y tenía el objetivo primordial de aclarar, utilizando modernas técnicas de identificación, si en una de las nueve fosas de la cripta yacen los restos de Quevedo.

Más detalles, el lunes

Con tal fin, los investigadores han llevado a cabo un estudio antropológico forense de los restos óseos encontrados en la cripta para posteriormente realizar un estudio antropométrico, morfológico, patológico y radiológico de estos "y establecer definitivamente su relación con la antropometría y patología de Francisco de Quevedo", según informa hoy la Universidad.

La investigación se dará a conocer en detalle el próximo lunes en Madrid en una rueda de prensa a la que asistirán el rector de la Complutense, Carlos Berzosa; el alcalde de Villanueva de los Infantes, Mariano Sabina; y los profesores José Antonio Sánchez y Andrés Santiago.

Tras pasar el último de sus destierros en León en 1639, el autor de El Buscón se retira cansado y muy enfermo a La Torre de Juan Abad. Falleció a los 65 años el 8 de septiembre de 1645 en el convento de los padres Dominicos de Villanueva de los Infantes. Se cuenta que su tumba fue saqueada días después por un caballero que deseaba tener las espuelas de oro con que había sido enterrado y que dicho caballero murió al poco en justo castigo por tal atrevimiento. En este publo de 5.800 habitantes de puede visitar la celda en la que vivió sus últimos días.